ARANGO (Pravia)
Los años no pasan en balde. Pero no todos los seres vivos envejecen de la misma forma. La vida que se ha llevado condiciona la vejez de forma importante.
El tejo de Arango, que se encuentra en Puentevega, está envejeciendo de forma muy triste.
Las muletas le permiten soportar la curva de los años, pero el tronco, carcomido (y polvoriento añadiría Machado) apenas muestra vida.
Seguro que alguna culpa tiene el hecho de encontrarse encorsetado entre el asfalto de la carretera y el muro de piedra.
A su lado, un nuevo ejemplar al que, aun no estando en el emplazamiento ideal, deseamos larga vida.
Junto al tejo la iglesia de San Martín de Arango, y un poco más allá el cementerio.
