
Muy cerca de San Cucao y situados en un altozano se encuentran tejos e iglesia. En este caso se trata de dos tejas estupendas.

Ambas muestran los primeros frutos y llevan bien el paso del tiempo, protegidos por el bardón que impide la accesibilidad y el respeto que impone encontrarse en fincas privadas.


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Desde la carretera parece un tejo; cuando te acercas ves que en realidad son cuatro que han unido sus copas hasta convertirlas en una sola.
-Necesita una poda -comenta el vecino de la casa en construcción- pero los tejos son como el urogallo no se pueden tocar, hace falta permiso de la consejería -añade. La legislación parece ser que la tenemos clara. Los motivos por los que se ha legislado quizá no tanto.
-Son muy bonitos y valiosos -añado con ánimo de provocar algún tipo de reflexión-. Hay que cuidarlos.

El vecino parece estar de acuerdo, pero creo que no entiende lo mismo que yo cuando hablamos de cuidarlos. De ser así, es probable que empezase por no almacenar los materiales de la obra bajo sus ramas.
En los alrededores de San Cucao, y en toda la zona hasta la carretera de Aviles, podemos ver varios tejos en propiedades privadas todos ellos en estado bastante bueno. Estos de Tuermes estoy seguro de que tendrán la misma suerte


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Junto a la carretera, muy cerca de San Cucao (desde la iglesia se puede ver la de San Cucao) se encuentra esta ermita acompañada de la teja (o al revés) y una espinera (en otros lugares dicen majuelo).


Teja y majuelo parecen cortejarse en espera de boda y presumir ufanos de sus respectivos posibles. En este momento, la teja lleva las de ganar, repleta de frutos; en otro (primavera) será el majuelo el presumido, cubierto por sus blancas flores. Ambos ya están en edad de merecer, sobre todo el espinar a quien se le nota más el paso del tiempo.

Esperemos la invitación de la boda.

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¡Una parejita!
Y tan felices.





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